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jueves, 25 de octubre de 2012

El templo


Síntesis de la Logia Constancia para el trabajo simbólico anual de la Federación.

TEMPLO:
Lugar real o imaginario donde se rinde culto a la justicia, a una ciencia, un arte o una virtud.
Construcción realizada para morada permanente u ocasional de la divinidad y destinada al culto religioso público.
Y el templo masónico, sinónimo de taller o lugar donde nos reunimos los masones, diseñado como  réplica del macrocosmos perfecto que nos acoge, y en el que queremos, con nuestro trabajo, construir nuestro templo interior para contribuir a la utópica construcción del templo de la humanidad en el que reine la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Sabemos que la longitud del templo es de Oriente a Occidente y su altura del Nadir al Cénit, lo que nos indica que es una representación del macrocosmos. De hecho, representamos la bóveda estrellada como sinónimo del cielo bajo el cual estamos todas las mujeres y hombres sin distinción alguna. La tierra está representada por la planta rectangular.
Asimismo, estas cuatro referencias dibujan una cruz. El Cénit indica la elevación que buscamos en nuestros trabajos y el Nadir la tierra, lo material, estando nosotros, los masones en la encrucijada, en el espacio intermedio, nuestro lugar de trabajo. El oeste y el este también se interpretan como el tiempo, siendo el oeste el pasado y el este el futuro y otra vez más, nosotros en el punto de intersección, en el aquí y ahora.
Así, podemos “construir” la logia no importa dónde, siempre que estemos 7 masones reunidos, de los cuales 4 han de ser maestros y 3 compañeros, aunque sin olvidar que 3 la dirigen, 5 la iluminan y 7 la hacen justa y perfecta. Sacralizamos el lugar, de la misma manera que lo hacemos con el tiempo, de tal manera que, una vez en la logia y abiertos los trabajos ritualmente, ya no estamos en un lugar concreto ni los relojes cuentan nuestros tiempos. Vamos creando un “santuario” en donde nada nos divide, en donde buscamos la paz interior y en donde, en ocasiones, se puede sentir la indefinible impresión de lo sagrado. Ese instante de comunión entre las hermanas y hermanos y con el cosmos, en donde el yo se disuelve en el nosotros y se funde con el cosmos en un reino del espíritu.
Pero aún cuando no ocurra fácilmente, el momento central de serenidad y orden, propicia nuestras reflexiones, para las que tenemos una actitud de total apertura, de manera que aprendemos de nuestras diferencias y nos enriquecemos como en ningún otro sitio, de manera sencilla y natural, gracias a la fraternidad que es la argamasa que une lo diferente.
En nuestros templos nada está dejado al azar, cada símbolo, cada herramienta, cada signo del ritual, tienen un significado cuyo fin último es lograr el equilibrio y la belleza, leyes simbólicas sobre las que se construye la realidad del universo.
Y estos templos masónicos, que guardan muchas analogías con cualquier otro templo, sin embargo, tienen diferencias fundamentales. Los templos religiosos están construidos para alabar a dios, el templo masónico lo construimos a la mayor gloria de la humanidad.
Y como decía nuestro fundador Georges Martin: Nosotros los Masones construimos templos de la virtud, hacia la luz y para la vida, al contrario de todos aquellos templos edificados para satisfacer la soberbia y la vanidad de aquellos que explotan inmisericordes al pueblo que trabaja”
Si analizamos detenidamente su arquitectura, encontraremos muchas analogías entre el templo masónico y el cuerpo humano. Dirigiendo, en el oriente, el Venerable Maestro con sus dos hemisferios, el secretario y el orador: la memoria pasada y la memoria reciente de la Logia; la balaustrada flanqueada por los binomios: Hospitalario-Tesorero y Maestro de Ceremonias-Gran Experto; el corazón de la Logia latiendo con emoción que se concreta en el Segundo Vigilante, ubicado en medio de la columna del Sur; El plexo solar expresado en el cuadro de Logia con los tres pilares. Y la fuerza corporal a través de la luz del  primer Vigilante; el occidente con el Guarda-templo flanqueado por las dos columnas.......
Podemos especular sobre el papel de cada uno de los oficiales en el trabajo del taller y en su relación con nosotros mismos. Por ejemplo ¿Qué mejoramos cuando realizamos el trabajo de Maestro de Ceremonias? ¿Qué retiene la puerta que custodia el Guarda-templos? ¿Cuál es la misión de los oficiales que custodian el balaustre que separa el Oriente?
El templo masónico es un símbolo del Ser, pero además funciona como una perfecta maquinaria donde nada es superfluo y todo tiene una misión. A diferencia de un templo religioso donde los creyentes rezan, en un templo masónico, los Aprendices, Compañeros y Maestros trabajan. Es un edificio inacabado  y los obreros del Taller especializados en las distintas tareas avanzamos en su construcción. Somos conscientes  que no acabaremos el trabajo, también lo somos de no poseer ninguna verdad revelada, pero progresamos animados en la búsqueda de la verdad, de una verdad que será la base de construcción de sociedades más justas, más libres, más fraternas y más solidarias.
Cada vez que colocamos una piedra bien labrada en nuestro templo, algo cambia dentro del taller, algo cambia dentro de nosotros mismos, nuestro templo interior se completa.
Y este trabajo transformador que realizamos en logia, nos va a permitir volver al inexorable destino del tiempo profano sabiendo que en cualquier momento y lugar nos podemos situar al orden y practicar en nuestra cotidianeidad, en el trabajo, la familia, el círculo en el que nos movemos, aquello que aprendemos dentro.

Hemos dicho, en el Or:. de Zaragoza, curso masónico 2011/2012

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